Cecília Estruch Estruch
Psicóloga

Hace unos días me encontré de casualidad a una vecina en la calle, y angustiada me comentó que venía del médico con su hija de 10 años y éste no le había recetado nada para acabar con la dolencia de la niña. Desde hacía seis meses, justo antes de acabar el curso escolar, la pequeña había empezado a tener una tos seca y recurrente sin motivo médico aparente. Las pruebas realizadas descartaban enfermedades respiratorias asociadas y los jarabes para calmar la tos que le recetaron durante el verano no habían solucionado el problema. Mi olfato de psicóloga me dijo que esto olía a tic nervioso así que le pedí a mi vecina que me dejara a la niña durante un minuto. Hoy la he vuelto a ver y muy contenta me ha dicho: ¡No ha vuelto a toser!

¿Qué son los tics en la infancia?

Los tics nerviosos son movimientos repentinos, rápidos e involuntarios propios de la infancia y la adolescencia. Esto quiere decir que forman parte de la evolución y el desarrollo de los menores.
Podemos observar dos tipos de tics:

 

  • Motores. Pueden se simples o complejos y afectan principalmente a la cara, el cuello y los hombros. Parpadear, estirar las piernas y/o los brazos, hacer muecas, arrugar la nariz, encoger y/o torcer el cuello, levantar los hombros, rascarse, tocar objetos o partes de su cuerpo, saltar y andar de forma extraña, son los más habituales.

 

  • Vocales. Está implicada la garganta y podemos encontrar ejemplos como el de mi vecina: toser, carraspear, gruñir, emitir ronquidos, cambiar el volumen del habla sin motivo, pronunciar sílabas o palabras.

Frecuencia de los tics

Se estima que 4 de cada 10 menores tendrán en algún momento de su infancia la singular compañía de un tic nervioso. Siendo más común entre los varones que entre las mujeres.
La edad de comienzo suele estar entre los 5 y los 7 años pero su apogeo máximo está entre los 8 y los 12 años, tendiendo a desaparecer a partir de la adolescencia.

La presión a la que sometemos al niño con tics, tanto en casa como en el centro escolar, le provoca frustración, aumento de la ansiedad y un sentimiento de culpa que, en la mayoría de los casos, empeora y cronifica el problema

Causas múltiples de los tics

Los estudios apuntan, como en la mayor parte de los trastornos que afectan a la infancia, a una predisposición genética (alguno de los padres también lo sufrió en su niñez) y a un ambiente favorecedor de la aparición del tan inoportuno gesto. Situaciones vitales estresantes o épocas de exámenes, como el ejemplo de la introducción, afectan tanto a la aparición de un tic nervioso como a su empeoramiento.
Factores como la ansiedad o las situaciones de tensión o concentración facilitan un incremento en la frecuencia e intensidad del tic. Por el contrario, un ambiente relajado y durante el sueño propician la desaparición de estos espasmos.

La actitud de la familia es clave

La presencia repetida de un tic puede suponer para la familia normalidad, sorpresa o preocupación. Ésta última respuesta suele agravar la conducta convirtiendo un síntoma evolutivo en un problema. La propia angustia, enfado o vergüenza que sentimos al ver a nuestro hijo haciendo algo inoportuno nos lleva a corregirle, recriminarle o prohibirle que se comporte de tal manera como si lo estuviera haciendo de manera voluntaria y pudiera controlarlo.
La presión a la que sometemos al niño con tics, tanto en casa como en el centro escolar, le provoca frustración, aumento de la ansiedad y un sentimiento de culpa que, en la mayoría de los casos, empeora y cronifica el problema.

¿Cuándo debemos pedir ayuda?

La inmensa mayoría de los tics tienen un curso benigno y un carácter transitorio. Como cualquier comportamiento evolutivo desaparece con la maduración del niño, sin necesidad de intervención, en menos de un año.

Los tics crónicos merecen ser estudiados y evaluados en un contexto más amplio por si van asociados a otros trastornos como el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o un Trastorno de Gilles La Tourette.

La terapia breve estratégica utlizada en Tramuntana Salut ofrece diferentes técnicas metodológicas basadas en la premisa de que los tics son una conducta involuntaria y espontánea que si la intentamos frenar todavía se exacerba más. En cambio, si permitimos su expresión bien canalizada y en un contexto controlado su tendencia es a desaparecer. La comprensión del niño y el compromiso de la familia para acompañarle en el proceso favorece la mejora de su calidad de vida.

Hola, ¿Necesitas ayuda?